Juegos de Terror

Los videojuegos de Terror, Horror o “Survival Horror” son quizás los más fácil de catalogar.

En este tipo de videojuego el objetivo principal es simplemente sobrevivir. Desde Resident Evil 1 en 1996 hemos visto muchas entregas de este género y todas comparten una serie de patrones muy bien definidos para lograr infundir miedo al jugador. Grandes videojuegos de este género han sido Alone in the Dark, F.E.A.R o Silent Hill.

Lo primero que cabe destacar son los personajes. Los videojuegos de terror como es lógico van en la línea de las películas del mismo género. Fantasmas, demonios, monstruos y  zombies son los enemigos que más se repiten.

Otros detalles como la luz y los efectos sonoros también son prestados del cine. Las historias normalmente giran sobre asuntos oscuros, extremadamente violentos, paranormales y macabros. También podemos encontrar entregas basadas en ciencia ficción, universos o dimensiones paralelas y ucronías.

En muchos casos comparte con el género de aventuras la presencia de rompecabezas durante las partidas. Esto requiere del jugador gran capacidad de observación y análisis bajo la tensión propia que crea el videojuego.

Los elementos con los que cuenta el jugador para permanecer con vida en este tipo de género son muy escasos. También lo es la capacidad de movimiento o libertad dentro del área de juego.

Lo normal es comenzar a jugar en clara desventaja y de alguna manera estaremos en posición vulnerable durante toda la partida.  El objetivo del juego es básicamente seguir con vida.

A diferencia de los juegos de acción donde podemos reunir suficientes recursos y salir a machacar a quien se nos ponga por delante, en los juegos de Terror nunca tendremos suficiente de nada y todo lo que nos rodea viene a machacarnos a nosotros.

La sensación de fragilidad acompaña todo el tiempo al protagonista y es una fórmula eficaz para inducir tensión en el jugador. “Amnesia,” “Outlast,” o “Slender” son juegos que explotan muy bien esta sensación de debilidad ante un peligro inminente imposible de afrontar.

El sentimiento de soledad o aislamiento es también una constante. Los diseñadores de los juegos de Terror usan muy bien este punto para crear situaciones espeluznantes. “Dead Space”, por ejemplo, logra transmitir una sensación de aislamiento impresionante usando incluso a otros personajes que desde lejos o detrás de cristales intentan interactuar con nosotros sin lograrlo.

Es usual que tengamos una historia a modo de introducción que nos ubica en lo horrible y desesperada que es la situación que nos tocará jugar. El inicio del juego pueden ser una serie de escenas pregrabadas, audios o texto que nos presente la historia.

Suspenso y estado de alerta constante. Los gráficos oscuros, el sonido perturbador, el ambiente claustrofóbico y todo alrededor está creado para generar la sensación en el jugador que está pendiendo de un hilo todo el tiempo.

La clave es no sentir seguridad en ningún momento. Siempre habrán más enemigos que municiones.

El factor decisión añade un ingrediente de tensión al juego. Imaginemos estar frente a un sitio desconocido, en la misma puerta, con una sola bala en nuestra arma. Entrar puede significar encontrar más proyectiles. Por otro lado podríamos encontrarnos con un enemigo que necesite más de una bala para poder matarlo. Un buen juego de Horror explota magistralmente este tipo de situaciones.

Buscar la mínima ventaja todo el tiempo en vez del enfrentamiento. Este punto es muy importante.

En los juegos de horror hay que correr, intentar encontrar atajos, pasadizos, trucos, lo que sea. Buscar el combate directo con cualquier cosa que venga hacia nosotros suele terminar mal. Este aspecto es clave para separarlo de los juegos de acción, el objetivo no es combatir y esto se aleja del concepto de “victoria”, el objetivo es llegar al final, sobrevivir.

Invertir la frase “El conocimiento es poder”, ese es el lema de los buenos desarrolladores de Horror.

El desconocimiento crea una sensación de fragilidad e impotencia. Los videojuegos de horror se ayudan de este aspecto. Los juegos más exitosos intentan mantener a sus jugadores en la oscuridad mental, induciéndolos mediante ciertas pistas a imaginar cual será el terror que le espera más adelante.

La mente es capaz por si sola de hacer el resto e imaginar a cualquier clase de monstruo mucho peor de lo que es.

Estamos hablando también de psicología, de terror psicológico. Encontrarnos en situaciones límites, enfrentar defectos humanos y mostrarnos duras verdades también son ingredientes de estas entregas. Un buen ejemplo es “Resident Evil”. Por muy terroríficos y horribles que sean los monstruos, peores son sin duda las personas que los han creado.

Otra de las sensaciones que los mejores juegos de horror nos transmiten es nuestra propia fragilidad como especie. A muchas personas esto les hace reflexionar sobre su vida, sus objetivos y su actitud en general.

Una particularidad de este género es que los protagonistas  no son héroes clásicos, ni grandes guerreros, ni justicieros. Lo usual es encontrarnos personajes imperfectos en una situación de gran peligro, caos, destrucción y miedo.

Este acercamiento a una persona común envuelta en una situación desperante hace que el jugador desarrolle una gran empatía con el personaje, porque inconscientemente vemos nuestras propias limitaciones y fragilidad en el mismo.

Los videojuegos de terror son realmente efectivos en modo de un solo jugador.

Hay algunos ejemplos donde se ha intentado añadir un personaje jugable como son “Resident Evil 5” y “Dead Space 3”. El resultado ha sido una pérdida del efecto que debería tener el juego. El simple hecho de que nuestro avatar no se encuentre solo ya hace que todo el conjunto sea mucho menos aterrador.

Algunas productoras y editores de videojuegos han pedido la inclusión de posibilidad de juego en línea para algunas entregas de terror. Esto, lejos de tener sentido, dejaría fuera al juego en cuestión del propio género de Terror, Horror o Survival Horror.

Los intentos de redefinir este tipo de juego obedecen claramente a un tema de mercado y rentabilidad, pero los resultados de esta combinación no son buenos.

Los amantes de este género van detrás de la emoción que viene de la mano del miedo. La adrenalina que provoca el susto y el sobresalto puede incluso llegar a ser adictiva. Cuando este efecto “miedo” cede terreno a cambio de aspectos más comerciales como pueden ser la acción o el juego colaborativo ya no estaremos hablando del mismo género.

Aún no siendo el tipo de videojuego más rentable sus números no son malos cuando el producto realmente es bueno.

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